Salud

Malaria en África cambia por el clima

NAIROBI, Kenia.— La malaria en África está cambiando su distribución por el aumento de las temperaturas. Un nuevo estudio señala que algunas zonas del este y sur del continente se vuelven más favorables para transmitir la enfermedad.

El efecto no es igual en todas las regiones. En partes de África occidental, el calor puede superar las temperaturas ideales para el mosquito y el parásito. Esto podría reducir parte del riesgo climático. Sin embargo, los científicos advierten que el calentamiento no representa una solución contra la malaria.

África todavía concentra la mayor carga mundial de esta enfermedad. En 2024, la región africana de la Organización Mundial de la Salud registró cerca del 95% de los casos y muertes por malaria en el planeta.

Malaria en África cambia su distribución

Un estudio publicado en Nature el 29 de julio de 2026 analizó más de un siglo de datos sobre malaria infantil en África subsahariana.

Los investigadores encontraron que el aumento de la temperatura ya modificó el riesgo en diferentes zonas del continente.

En África oriental y austral, el calentamiento probablemente aumentó la presencia de malaria. En cambio, algunas zonas del oeste registraron un efecto contrario.

El estudio calcula que el impacto total del cambio climático sobre el continente ha sido pequeño e incierto hasta ahora. Sin embargo, las diferencias regionales son importantes.

Esto significa que el riesgo no desaparece. Más bien, puede trasladarse hacia regiones que antes tenían temperaturas menos adecuadas para transmitir la enfermedad.

¿Cómo influye la temperatura en la malaria?

La temperatura afecta tanto al mosquito como al parásito que causa la enfermedad.

La transmisión de Plasmodium falciparum mediante el mosquito Anopheles gambiae alcanza condiciones favorables cerca de los 25 grados Celsius.

Por debajo de unos 16 grados, la transmisión cae de forma notable. Lo mismo ocurre cuando la temperatura supera aproximadamente los 34 grados.

Esto ayuda a explicar los cambios regionales.

Durante años, las tierras altas de África oriental y algunas zonas del sur fueron demasiado frías para mantener una transmisión intensa.

El calentamiento puede cambiar esas condiciones.

En contraste, algunas regiones cálidas de África occidental podrían alcanzar temperaturas menos favorables para el mosquito y el desarrollo del parásito.

Este y sur de África enfrentan mayor riesgo

Los investigadores encontraron señales especialmente importantes en África oriental y austral.

El estudio estima una probabilidad del 91% de que el cambio climático causado por el ser humano haya aumentado la malaria actual en el sur de África.

Para África oriental, esa probabilidad alcanza el 84%.

Las regiones elevadas merecen especial atención.

En las tierras altas, temperaturas ligeramente mayores pueden crear condiciones que antes no existían para los mosquitos.

Además, el calentamiento puede alargar la temporada de transmisión.

En partes del sur de África, por ejemplo, las temperaturas crecientes ya pueden extender el periodo favorable hacia meses de invierno.

África occidental podría registrar otro efecto

El panorama es diferente en algunas zonas de África occidental y central.

Estas regiones soportan actualmente una de las mayores cargas de malaria del mundo.

Sin embargo, un aumento adicional de la temperatura podría llevar ciertos lugares por encima del rango ideal para la transmisión.

El estudio de Nature proyecta posibles reducciones de malaria relacionadas con el clima en partes del oeste y centro de África durante las próximas décadas.

Esto no significa que la enfermedad vaya a desaparecer.

Otros factores tienen un peso enorme. Entre ellos aparecen el acceso a medicamentos, las campañas de prevención y la resistencia a insecticidas.

También influyen la pobreza, la calidad de los sistemas sanitarios y el financiamiento internacional.

África concentra casi todos los casos

La malaria en África continúa como una emergencia sanitaria de gran escala.

La OMS estima que en 2024 hubo 282 millones de casos de malaria en el mundo. La enfermedad causó unas 610,000 muertes.

La región africana concentró unos 265 millones de casos y aproximadamente 579,000 fallecimientos.

Los niños pequeños enfrentan el mayor riesgo.

Los menores de cinco años representaron cerca del 75% de las muertes por malaria en África.

Nigeria, República Democrática del Congo y Níger concentraron más de la mitad de los fallecimientos registrados en la región.

Vacuna contra la malaria reduce muertes infantiles

La vacunación se ha convertido en una herramienta importante para combatir la enfermedad.

Desde 2021, la OMS recomienda el uso amplio de la vacuna RTS,S/AS01 entre niños que viven en zonas con transmisión moderada o alta de Plasmodium falciparum.

Un estudio publicado en The Lancet en mayo de 2026 evaluó su aplicación en Ghana, Kenia y Malaui.

Los resultados mostraron una reducción significativa de la mortalidad infantil. El programa evitó aproximadamente una de cada ocho muertes durante el periodo estudiado.

Además, la OMS recomienda desde 2023 una segunda vacuna contra la malaria, llamada R21/Matrix-M.

Las vacunas complementan otras medidas. Entre ellas están los mosquiteros tratados con insecticida, el diagnóstico rápido y los medicamentos.

Recortes amenazan la lucha contra la malaria

El cambio climático no es el único desafío.

La OMS advirtió en abril de 2025 que los recortes en la ayuda internacional amenazan décadas de avances.

Más de la mitad de los países con malaria que participaron en una evaluación de la organización reportaron interrupciones moderadas o graves en sus servicios.

La distribución de mosquiteros también resultó afectada.

A comienzos de abril de 2025, más del 40% de las campañas previstas para entregar mosquiteros se encontraban retrasadas o en riesgo. Estas campañas buscaban alcanzar a 425 millones de personas.

También surgieron problemas con medicamentos y pruebas rápidas.

Por ello, una reducción del riesgo climático en determinadas zonas no garantiza menos muertes.

Sistemas de salud deberán adaptarse

Los cambios geográficos presentan otro problema.

Algunas regiones que podrían enfrentar más malaria tienen menos experiencia para combatir una transmisión constante.

Los gobiernos tendrán que mejorar sus sistemas de vigilancia.

También necesitarán identificar con rapidez nuevos focos de transmisión y reforzar la disponibilidad de tratamientos.

Las zonas altas de África oriental requieren especial atención. Lo mismo ocurre en áreas del sur que históricamente tuvieron temperaturas menos favorables para el mosquito.

El estudio de Nature señala que limitar el calentamiento global podría evitar aumentos de malaria en varias de estas regiones.

Cambio climático no reemplaza las medidas de prevención

Los investigadores advierten que el clima no determina por sí solo el futuro de la enfermedad.

La malaria en África depende de numerosos factores sociales, sanitarios y económicos.

El calentamiento puede reducir la transmisión en algunas regiones. Al mismo tiempo, puede elevarla en otras.

Además, eventos extremos de lluvia pueden modificar las condiciones necesarias para la reproducción de los mosquitos.

Por esa razón, los países africanos deberán adaptar sus programas a un mapa epidemiológico cambiante.

Las vacunas, los mosquiteros, los tratamientos y la vigilancia seguirán siendo esenciales.

El cambio climático no elimina la amenaza. Está cambiando dónde y cuándo puede aparecer con mayor intensidad.

Escrito por Juan Antonio Roman Morales

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba