Salud

Ejercicio y cáncer de colon: aumenta la supervivencia

Un ensayo clínico internacional encontró que el ejercicio físico supervisado mejora las perspectivas de supervivencia de determinados pacientes con cáncer de colon. Ocho años después, el 90.3 % de quienes siguieron el programa continuaba con vida.

Ciudad de México, 6 de noviembre de 2026.– La relación entre ejercicio y cáncer de colon ha cobrado mayor importancia gracias a un estudio internacional que encontró beneficios en la supervivencia de pacientes tratados.

La investigación, publicada en 2025 en la revista médica The New England Journal of Medicine, analizó a 889 personas durante varios años.

Los investigadores encontraron que un programa de actividad física supervisada redujo el riesgo de recaída y se relacionó con una mayor supervivencia.

Los resultados abren nuevas posibilidades para integrar el ejercicio en la atención médica después de los tratamientos oncológicos.

Ejercicio y cáncer de colon: ¿qué descubrió el estudio?

El ensayo clínico CHALLENGE reunió a pacientes de seis países que habían terminado su tratamiento por cáncer de colon.

Todos los participantes habían recibido cirugía y quimioterapia. Además, presentaban cáncer en estadio III o estadio II de alto riesgo.

Los investigadores dividieron a las 889 personas en dos grupos.

El primero recibió información educativa sobre actividad física y hábitos saludables.

El segundo también contó con asesoría profesional para desarrollar un programa de ejercicio durante tres años.

El objetivo era aumentar la actividad física de forma progresiva y mantenerla como parte de la rutina cotidiana.

Los participantes podían adaptar las actividades según sus condiciones y capacidades físicas.

El 90.3 % de los participantes seguía vivo ocho años después

Uno de los resultados más importantes apareció al comparar la supervivencia de ambos grupos.

A los ocho años, la supervivencia estimada alcanzó el 90.3 % entre quienes participaron en el programa de ejercicio.

En cambio, el grupo que recibió únicamente orientación educativa registró una supervivencia del 83.2 %.

Esto representa una diferencia de 7.1 puntos porcentuales.

El estudio también encontró mejoras en la supervivencia libre de enfermedad.

A los cinco años, el 80.3 % del grupo de ejercicio seguía sin presentar recaídas, nuevos cánceres ni fallecimiento.

En el grupo de comparación, esa proporción alcanzó el 73.9 %.

Los resultados respaldan el valor del ejercicio supervisado como complemento de la atención oncológica.

Sin embargo, no significan que todos los pacientes puedan obtener exactamente el mismo beneficio.

¿Qué tipo de ejercicio realizaron los pacientes?

El programa buscó incorporar actividades aeróbicas de intensidad moderada mediante un plan individual.

Una referencia del entrenamiento fue caminar a paso rápido durante unos 45 a 60 minutos, de tres a cuatro veces por semana.

No obstante, los participantes pudieron elegir diferentes actividades y ajustar su intensidad.

Además, recibieron acompañamiento para mantener la constancia durante tres años.

Los investigadores observaron mejoras en la condición física, la resistencia y la capacidad funcional.

El estudio también registró más problemas musculares y articulares en el grupo de ejercicio.

Por ello, los especialistas destacan la importancia de adaptar las actividades a cada paciente.

¿El ejercicio también puede ayudar a prevenir el cáncer?

Otra investigación publicada en 2025 analizó la actividad física de 85,394 adultos del Reino Unido.

Los participantes utilizaron dispositivos en la muñeca para registrar sus movimientos.

Después, los investigadores observaron su estado de salud durante casi seis años.

Las personas con mayor actividad física presentaron un riesgo 26 % menor de desarrollar un conjunto de 13 tipos de cáncer asociados con el sedentarismo.

El análisis también encontró beneficios relacionados con actividades ligeras y un mayor número de pasos diarios.

Sin embargo, este estudio fue observacional.

Por tanto, sus resultados muestran una asociación, pero no demuestran que el ejercicio por sí solo prevenga el cáncer.

Hospitales comenzarán a incorporar nuevas evaluaciones físicas

La evidencia científica también está impulsando cambios en los servicios de atención oncológica.

A partir de enero de 2027, los centros estadounidenses acreditados por el Programa Nacional de Acreditación de Centros de Mama deberán implementar nuevos criterios de evaluación física.

Estos establecimientos deberán valorar la función y movilidad de las pacientes con cáncer de mama.

También tendrán que recomendar programas de movimiento o derivarlas a servicios de rehabilitación cuando sea necesario.

La medida busca atender las limitaciones físicas que pueden aparecer durante el tratamiento y la recuperación.

Sin embargo, esta disposición corresponde a centros acreditados para la atención de cáncer de mama. No se aplica automáticamente a todos los hospitales.

El ejercicio no sustituye la quimioterapia ni otros tratamientos

Aunque los resultados son prometedores, los especialistas insisten en mantener una atención médica individualizada.

El ensayo CHALLENGE estudió a pacientes que ya habían terminado su cirugía y quimioterapia.

Por lo tanto, el ejercicio funcionó como una intervención complementaria y no como un reemplazo del tratamiento.

Además, las personas con otros tipos de cáncer podrían necesitar programas diferentes.

La edad, la condición física, los efectos secundarios y las enfermedades adicionales influyen en las actividades recomendadas.

La Sociedad Estadounidense contra el Cáncer aconseja consultar al equipo médico antes de iniciar o aumentar la intensidad del ejercicio.

Esto resulta especialmente importante cuando existen problemas cardíacos, fatiga intensa, dificultades de equilibrio o alteraciones óseas.

El acompañamiento profesional puede marcar la diferencia

Una de las aportaciones del estudio fue demostrar la utilidad del apoyo continuo.

Los participantes no recibieron únicamente una recomendación para realizar actividad física.

También contaron con orientación para organizar sus rutinas, superar dificultades y mantener el hábito durante varios años.

Este seguimiento permitió adaptar los ejercicios a la vida cotidiana de cada persona.

Los resultados refuerzan la importancia de estudiar cómo incorporar programas supervisados a la atención habitual del cáncer de colon.

La investigación ofrece evidencia sólida sobre un grupo específico de pacientes. Ahora, los especialistas buscan determinar cómo extender sus beneficios de manera segura y accesible.

Escrita por Juan Antonio Roman Morales

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