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Tráfico de especies en redes sociales amenaza biodiversidad

HELSINKI.— El tráfico de especies en redes sociales se ha convertido en una amenaza creciente para la biodiversidad mundial. Facebook, Instagram, TikTok y YouTube permiten que vendedores encuentren compradores de animales silvestres con una velocidad y alcance difíciles de conseguir mediante los mercados clandestinos tradicionales.

Una revisión internacional publicada el 24 de agosto de 2026 en Nature Reviews Biodiversity concluye que miles de especies de animales, plantas y hongos están expuestas al comercio ilegal a través de internet. Algunas ya están amenazadas de extinción, mientras otras ni siquiera han sido evaluadas adecuadamente por las autoridades de conservación.

El trabajo fue encabezado por Enrico Di Minin, investigador de la Universidad de Helsinki, junto con científicos de Europa y África.

Los autores advierten que internet no creó el tráfico ilegal de vida silvestre, pero sí lo volvió más rápido, disperso, transnacional y difícil de detectar.

Tráfico de especies en redes sociales crece rápidamente

Uno de los ejemplos más recientes muestra la facilidad con que pueden localizarse animales silvestres en plataformas populares.

Investigadores analizaron durante seis semanas, entre junio y agosto de 2025, publicaciones realizadas en Facebook, Instagram, TikTok y YouTube en Estados Unidos.

Encontraron 1,131 publicaciones de 122 usuarios que ofrecían al menos 1,614 primates vivos.

Entre los animales anunciados estaban macacos, monos capuchinos, titíes, monos araña, lémures, gálagos e incluso chimpancés.

Los macacos fueron los más frecuentes, con 839 individuos. Después aparecieron los titíes, con 293, y los capuchinos, con 275.

Los precios localizados por los investigadores oscilaron entre aproximadamente 250 y 6,500 dólares, dependiendo de la especie, edad y rareza.

Sin embargo, el estudio estadounidense constituye únicamente una fotografía parcial del mercado.

Los investigadores reconocieron que las limitaciones de recursos impidieron elaborar un inventario completo y que la cantidad real probablemente sea mayor.

Vendedores disfrazan operaciones como “adopciones”

Una de las tácticas identificadas consiste en evitar palabras directamente relacionadas con compraventa.

Algunos vendedores presentan los animales como disponibles para “adopción” o “reubicación”.

El informe sobre primates encontró que esas expresiones permiten que anuncios comerciales permanezcan visibles mientras intentan evitar las restricciones de las plataformas sobre venta de animales vivos.

Esto representa un desafío importante para los sistemas automáticos de moderación.

Un algoritmo puede buscar palabras como “venta”, “precio” o nombres específicos de especies.

Pero los vendedores pueden sustituir esas expresiones por códigos, emojis, fotografías, abreviaciones o conversaciones trasladadas posteriormente a aplicaciones privadas.

La nueva revisión científica advierte precisamente que la volatilidad de las plataformas, el anonimato y la baja percepción de riesgo ayudan a mantener estos mercados.

Facebook y TikTok no son las únicas plataformas

Aunque las redes sociales reciben buena parte de la atención, el fenómeno es mucho más amplio.

La revisión analiza operaciones desarrolladas mediante redes sociales, mercados electrónicos, sitios especializados y otros espacios digitales.

Investigaciones recopiladas por los autores han encontrado actividad en servicios como Facebook, Instagram y TikTok, además de plataformas de comercio electrónico.

Parte de la actividad ocurre abiertamente en publicaciones accesibles mediante búsquedas convencionales.

Otra migra hacia grupos privados, mensajería directa y espacios menos visibles.

Eso crea una red en la que el contacto inicial puede hacerse públicamente y los detalles del pago, envío o entrega trasladarse después a canales privados.

Una cifra de 33,006 que necesita contexto

Uno de los números más impactantes asociados al comercio digital de especies requiere una precisión histórica.

Durante seis semanas de 2014, el Fondo Internacional para el Bienestar Animal, IFAW, revisó 280 mercados en línea de 16 países.

Encontró 33,006 animales, partes y productos de especies amenazadas ofrecidos en 9,482 anuncios, con un valor estimado superior a 10 millones de dólares.

Del total identificado, alrededor de 54 % correspondía a animales vivos y 46 % a partes o productos derivados.

Esa investigación no fue realizada en 2026.

La nueva revisión científica la incorpora como uno de varios antecedentes para mostrar que el problema lleva más de una década adaptándose a internet.

También conviene evitar otra simplificación: estar incluido en CITES no convierte automáticamente cada transacción en ilegal.

La convención regula diferentes niveles de comercio internacional según el grado de protección de cada especie y los permisos correspondientes.

El comercio amenaza especies todavía poco estudiadas

El problema tampoco afecta únicamente a animales famosos como elefantes, rinocerontes o grandes felinos.

Los investigadores encontraron señales de comercio que involucran aves, reptiles, anfibios, plantas ornamentales, orquídeas, cactus y hongos.

Algunas especies aparecen en internet antes de que las instituciones científicas tengan suficiente información sobre su abundancia o vulnerabilidad.

Esto crea un problema para la conservación.

Las autoridades suelen reaccionar cuando una especie ya muestra una disminución significativa.

Pero las tendencias digitales pueden aumentar rápidamente la demanda de un animal o planta antes de que existan mecanismos regulatorios adecuados.

Una fotografía viral, una tendencia entre coleccionistas o la popularidad de una mascota exótica pueden alterar en poco tiempo el valor comercial de una especie.

El caso de las suculentas de Sudáfrica

El género Conophytum muestra con claridad la velocidad con que puede cambiar este mercado.

Estas pequeñas suculentas del sur de África comenzaron a atraer de forma intensa a coleccionistas internacionales alrededor de 2019.

La presión provocó un crecimiento de la extracción ilegal en regiones de Sudáfrica.

Pero el aumento de recolectores terminó saturando el mercado clandestino.

Investigaciones relacionadas con el nuevo estudio encontraron que los precios ilegales de algunas plantas del género cayeron hasta dos órdenes de magnitud en aproximadamente tres años, es decir, hasta cerca de una centésima parte de su valor anterior.

La caída del precio no eliminó el problema.

Según investigadores de la Universidad de Ciudad del Cabo, parte de la presión se desplazó hacia otros géneros de plantas e incluso reptiles.

Es un ejemplo de la capacidad del tráfico para adaptarse rápidamente cuando cambia la rentabilidad de una especie.

África ocupa un lugar importante en las rutas

La revisión también presta atención a la participación de África en las cadenas internacionales de comercio.

La Universidad de Ciudad del Cabo señala que aproximadamente 800,000 loros grises africanos fueron comercializados internacionalmente entre 2010 y 2021.

Ese número tampoco debe interpretarse automáticamente como 800,000 animales traficados ilegalmente.

Incluye comercio internacional documentado y sirve para mostrar la enorme escala de la demanda sobre la especie.

Otro estudio analizó cuentas públicas de Facebook utilizadas por exportadores de fauna en Togo.

Los investigadores identificaron más de 200 especies anunciadas, principalmente reptiles, aunque también aparecieron mamíferos, aves, anfibios e invertebrados.

Algunas ni siquiera habían sido evaluadas por la Lista Roja de la UICN o estaban fuera de los controles de CITES.

Riesgo va más allá de la pérdida de biodiversidad

El tráfico de especies en redes sociales no genera únicamente problemas de conservación.

También plantea riesgos para el bienestar animal.

Los ejemplares capturados pueden sufrir lesiones, estrés, desnutrición y muerte durante extracción, almacenamiento o transporte.

En el caso de los primates, el comercio de crías puede implicar además la muerte de adultos cuando los animales jóvenes son retirados de grupos silvestres.

Los investigadores mencionan igualmente riesgos para la salud pública.

El movimiento internacional de animales puede facilitar la circulación de patógenos entre especies y aumentar oportunidades para determinadas enfermedades zoonóticas.

También existe el riesgo de liberar mascotas exóticas en lugares donde pueden convertirse en especies invasoras.

Una especie transportada a miles de kilómetros puede competir con fauna local, transmitir enfermedades o alterar ecosistemas donde no tiene depredadores naturales.

Inteligencia artificial puede ayudar, pero no basta

Los autores proponen usar tecnología para combatir la misma infraestructura digital que facilita el comercio.

Una de las medidas consiste en desarrollar sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar anuncios sospechosos, imágenes de especies protegidas y términos utilizados para evadir controles.

Pero los investigadores advierten que una estrategia exclusivamente tecnológica resultaría insuficiente.

Cuando una cuenta desaparece, los vendedores pueden abrir otra.

Cuando una palabra es bloqueada, pueden cambiarla.

Y cuando una plataforma intensifica la vigilancia, el comercio puede trasladarse hacia otra.

Por ello, la revisión propone combinar inteligencia artificial con mejores políticas de moderación, auditorías independientes y cooperación entre empresas tecnológicas y autoridades.

Comunidades locales son parte de la solución

Annette Hübschle, investigadora de la Universidad de Ciudad del Cabo y coautora del estudio, sostiene que muchas respuestas han estado excesivamente concentradas en vigilancia y castigo.

Las comunidades que viven cerca de las especies traficadas pueden detectar cambios mucho antes que las autoridades.

Pueden identificar nuevos compradores, métodos de extracción, palabras utilizadas por traficantes o especies que comienzan a ser buscadas.

Por esa razón, los investigadores proponen incorporar a habitantes locales, conservacionistas y organizaciones comunitarias en el diseño de las estrategias.

El objetivo es intervenir en toda la cadena y no solamente eliminar el anuncio que aparece al final.

Cinco medidas contra el tráfico digital

La revisión plantea cinco líneas complementarias de acción:

  • vigilancia y detección asistidas por inteligencia artificial;
  • políticas más estrictas y moderación efectiva en plataformas;
  • cooperación entre empresas, gobiernos, ONG y comunidades;
  • campañas para disminuir la demanda de especies silvestres;
  • fortalecimiento de marcos internacionales como CITES y regulaciones digitales como la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea.

Estas medidas reconocen que el problema atraviesa fronteras.

Un animal puede ser capturado en África, anunciado desde una cuenta situada en otro país, comprado por un usuario europeo y enviado utilizando una empresa internacional de mensajería.

Ninguna plataforma o gobierno puede controlar por sí solo toda esa cadena.

Millones de publicaciones ya han sido bloqueadas

Las empresas tecnológicas sí han desarrollado mecanismos para combatir determinados anuncios.

WWF señala que la Coalición para Acabar con el Tráfico de Vida Silvestre en Internet, que trabaja con empresas digitales, había bloqueado al cierre de 2025 más de 63.3 millones de anuncios prohibidos y vendedores sospechosos en las plataformas participantes.

La magnitud de esa cifra muestra tanto los avances como la dificultad.

Eliminar millones de publicaciones no significa eliminar el mercado.

Los traficantes pueden cambiar de cuentas, terminología, plataformas y canales de comunicación.

Por eso los científicos insisten en reducir también la demanda que mantiene económicamente el negocio.

Tráfico de especies en redes sociales cambia la conservación

La principal conclusión del nuevo estudio es que el tráfico de especies en redes sociales ya no puede considerarse una extensión secundaria del mercado clandestino tradicional.

Las plataformas digitales forman parte de la propia infraestructura del comercio.

Facilitan encontrar compradores, identificar especies, conectar intermediarios y trasladar las negociaciones entre países con una rapidez inédita.

Facebook, Instagram, TikTok y YouTube son ejemplos visibles, pero el desafío incluye mercados electrónicos, mensajería privada y otras plataformas.

En apenas seis semanas de 2025, investigadores localizaron 1,614 primates anunciados en redes sociales estadounidenses.

Al mismo tiempo, décadas de investigaciones muestran que decenas de miles de animales y productos derivados han sido ofrecidos mediante mercados digitales.

El reto consiste ahora en evitar que la innovación tecnológica avance más rápido que la protección de las especies.

Para los autores, la solución no pasa únicamente por perseguir traficantes o borrar publicaciones.

Requiere combinar tecnología, regulación, cooperación internacional, participación comunitaria y reducción de la demanda.

Internet convirtió el tráfico de fauna y flora en un mercado capaz de cruzar continentes con unos cuantos clics.

La respuesta de la conservación tendrá que ser igual de rápida y coordinada.

Escrito por Juan Antonio Roman Morales

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