CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua.— Un total de 117 cuerpos no identificados en Ciudad Juárez fueron inhumados este viernes 11 de septiembre en el Panteón Municipal San Rafael después de permanecer bajo resguardo del Servicio Médico Forense, algunos de ellos desde al menos 2022.
La medida no significa que las investigaciones hayan terminado.
Antes de autorizar las sepulturas, especialistas de la Dirección de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua recopilaron perfiles genéticos y otros datos post mortem que podrán utilizarse si posteriormente aparece información que permita establecer la identidad de alguna de las personas.
Los cuerpos fueron depositados por separado en fosas individualizadas, dentro de un área especial del cementerio, y cada ubicación quedó registrada para permitir una eventual exhumación.
Ese detalle es importante: aunque popularmente estas inhumaciones suelen describirse como envíos a la “fosa común”, no se trata de 117 cuerpos colocados juntos en una misma excavación. Cada persona mantiene un registro y una ubicación específica.
Cuerpos no identificados en Ciudad Juárez permanecían en el SEMEFO
De acuerdo con la información difundida por la Fiscalía estatal, se estima que las 117 personas eran adultas.
Ocho eran mujeres y 109 hombres.
Las ocho mujeres fallecieron por causas catalogadas como naturales.
Entre los hombres, 65 murieron por causas naturales, tres en accidentes y 41 en circunstancias violentas.
Eso significa que más de una tercera parte de los hombres incluidos en esta jornada de inhumación tuvieron una muerte relacionada con hechos violentos.
Las autoridades no difundieron públicamente la identidad de ninguna de estas personas porque precisamente continúan clasificadas como no identificadas o no reclamadas.
Cada cuerpo conserva un expediente forense
El procedimiento no consiste únicamente en trasladar los restos del SEMEFO hacia un cementerio.
El coordinador de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de la Zona Norte, Héctor Manuel Jácome Hernández, explicó que cada caso conserva información destinada a facilitar una identificación futura.
Los expedientes pueden incluir:
- huellas dactilares;
- fotografías post mortem;
- características físicas;
- información sobre la ropa que portaba la persona;
- estudios de odontología forense;
- resultados de necropsia;
- perfil genético;
- y otros datos obtenidos durante las investigaciones periciales.
La Fiscalía de Chihuahua utiliza este mismo procedimiento desde años anteriores: obtiene información científica antes de la inhumación y numera las sepulturas para poder ubicar nuevamente los restos si una familia aporta posteriormente elementos que permitan identificarlos.
La sepultura puede ser solamente temporal
Para las autoridades forenses, llevar un cuerpo al Panteón San Rafael no necesariamente representa el destino definitivo.
El objetivo final continúa siendo devolver cada persona a su familia.
Jácome Hernández explicó en declaraciones recogidas por EFE que las inhumaciones permiten evitar una saturación innecesaria de las instalaciones forenses una vez que ya se han agotado determinados procedimientos de investigación y se ha preservado la información científica necesaria.
La existencia de una sepultura individual hace posible volver posteriormente al sitio.
Si un perfil genético coincide con el de una familia, o aparece nueva información suficiente para identificar a la persona, las autoridades pueden determinar exactamente dónde se encuentran los restos y comenzar el procedimiento de exhumación y entrega.
¿Por qué llegan cuerpos sin nombre al SEMEFO?
Las razones pueden ser muy distintas.
Algunas personas mueren sin portar documentos.
Otras llegan en condiciones que dificultan un reconocimiento visual.
También existen personas que sí podrían contar con una identidad documental, pero cuyos familiares no saben dónde murieron o no han podido relacionar su desaparición con un registro forense.
La condición fronteriza de Ciudad Juárez agrega otra dificultad.
La ciudad recibe permanentemente personas procedentes de otros estados de México y población migrante de diferentes nacionalidades.
Jácome Hernández señaló a EFE que entre las personas que permanecen sin identificar podría haber migrantes extranjeros o ciudadanos provenientes de otras entidades del país.
Para una familia que busca a una persona a cientos o miles de kilómetros de distancia, relacionar una desaparición con un cuerpo ingresado en Ciudad Juárez puede convertirse en un proceso largo.
Cuerpos no identificados en Ciudad Juárez reflejan un problema que continúa
Detrás de los expedientes existe una posibilidad difícil para cientos de familias: que una persona buscada durante meses o años ya haya muerto sin que exista todavía una conexión entre su identidad y la información almacenada por las autoridades.
Por eso el perfil genético resulta especialmente importante.
El ADN obtenido de un cuerpo puede compararse posteriormente con muestras proporcionadas por familiares.
Pero una coincidencia no ocurre automáticamente.
Para que el proceso funcione se necesitan bases de datos actualizadas, información compartida entre instituciones y familiares que hayan proporcionado muestras genéticas o datos suficientes para realizar una comparación.
También intervienen huellas, registros dentales, tatuajes, cicatrices, ropa y características físicas.
La identificación humana puede construirse mediante la suma de varios de esos elementos.
Alrededor de 560 inhumaciones durante la actual administración
Jácome Hernández declaró a EFE que alrededor de 560 personas han sido inhumadas en Ciudad Juárez durante la actual administración estatal bajo este tipo de procedimientos.
La cifra muestra que la jornada de 117 cuerpos no constituye un hecho aislado.
La Fiscalía ha realizado periódicamente inhumaciones de personas que permanecían sin identificar o reclamar.
En marzo de 2024, por ejemplo, fueron sepultados 67 cuerpos en el mismo Panteón San Rafael después de que las autoridades conservaran datos de dactiloscopia, medicina forense, odontología, antropología y genética.
En 2025 fueron inhumados al menos 99 cuerpos en Juárez
Existe una precisión necesaria respecto a algunos reportes publicados sobre esta noticia.
Una versión atribuida a declaraciones del perito señaló que durante 2025 no se habían realizado inhumaciones debido a la carga generada posteriormente por el caso del Crematorio Plenitud.
Sin embargo, los propios comunicados oficiales de la Fiscalía de Chihuahua muestran que sí hubo inhumaciones durante 2025.
El 21 de marzo de aquel año se dio sepultura a 56 cuerpos no identificados o no reclamados.
El 23 de mayo se realizó una segunda jornada con 43 cuerpos adicionales.
La propia Fiscalía informó entonces que sumaban 99 inhumaciones durante 2025 en la Zona Norte.
Por ello, no sería correcto afirmar que todo 2025 transcurrió sin procedimientos de este tipo.
El caso del Crematorio Plenitud aumentó la presión forense
Lo que sí ocurrió posteriormente fue una emergencia forense extraordinaria.
En junio de 2025, autoridades localizaron 386 cuerpos almacenados irregularmente en el Crematorio Plenitud de Ciudad Juárez.
Las familias habían contratado servicios funerarios bajo la expectativa de que sus seres queridos fueran cremados, pero cientos de cadáveres permanecían acumulados dentro del establecimiento.
La Fiscalía tuvo que realizar labores de individualización, identificación, rehidratación de tejidos, análisis de huellas y búsqueda de familiares.
En julio de 2025, la propia institución confirmó oficialmente que el total recuperado era de 386 cuerpos, no más de 700 como han señalado algunas versiones posteriores.
El caso agregó una carga excepcional a los servicios forenses de la ciudad y abrió investigaciones penales contra los responsables del establecimiento.
Plenitud dejó al descubierto otra crisis de identificación
La historia del Crematorio Plenitud es distinta a la de los cuerpos no identificados en Ciudad Juárez sepultados este viernes.
En muchos casos de Plenitud sí existía una identidad y familiares que creían haber recibido las cenizas de sus seres queridos.
El desafío consistió en determinar qué cuerpo correspondía realmente a cada familia.
Sin embargo, ambos casos colocan en el centro el mismo tema: la necesidad de garantizar trazabilidad, identificación científica y trato digno de los restos humanos.
Un año después del hallazgo, cientos de cuerpos de Plenitud ya habían podido ser identificados, aunque una parte permanecía todavía en análisis.
Una inhumación no cierra una carpeta de búsqueda
La imagen de un ataúd descendiendo a una sepultura puede parecer el final de una historia.
Forense y legalmente, no siempre lo es.
Cuando una persona continúa sin identidad, la investigación puede permanecer abierta.
El expediente, las muestras genéticas y el registro exacto de la sepultura permiten que una identificación se produzca años después.
La propia Fiscalía de Chihuahua explica que las fosas individuales están numeradas precisamente para que un cuerpo pueda ser localizado si posteriormente es reclamado por familiares.
Eso diferencia una inhumación controlada y documentada de una disposición en la que se pierde la posibilidad de recuperar los restos.
Las familias siguen siendo la pieza fundamental
Los registros forenses solo adquieren todo su valor cuando pueden ser comparados con información de personas desaparecidas.
Si una familia tiene a un integrante desaparecido, proporcionar datos ante las autoridades puede ayudar a establecer coincidencias.
La información útil puede incluir fotografías, características físicas, tatuajes, procedimientos dentales, prendas que llevaba la persona al desaparecer y muestras genéticas de familiares.
Los datos pueden terminar conectando una carpeta de desaparición abierta en otra ciudad con un cuerpo que ingresó al SEMEFO de Ciudad Juárez.
Ese proceso puede tardar meses o años.
Pero conservar adecuadamente los restos permite que la posibilidad siga abierta.
Ciudad Juárez enfrenta una carga forense particular
La ubicación de la ciudad contribuye a la complejidad.
Juárez es frontera con Estados Unidos, punto de tránsito migratorio, centro industrial y una de las principales ciudades del norte de México.
Miles de personas llegan y salen constantemente.
No todas cuentan con redes familiares cercanas.
Cuando alguien muere lejos de su estado o país de origen, establecer rápidamente contacto con familiares puede ser complicado.
A ello se suma la violencia que históricamente ha afectado a la ciudad.
En la jornada de este viernes, 41 de los 117 cuerpos correspondían a hombres cuya muerte fue clasificada dentro de circunstancias violentas.
El reto es devolverles un nombre
Las 117 personas inhumadas en Ciudad Juárez quedaron ahora bajo tierra, pero no fueron borradas de los registros.
Cada una mantiene un expediente.
Cada sepultura tiene una ubicación.
Y cada perfil genético conserva la posibilidad de producir algún día una coincidencia.
Ese es precisamente el sentido del procedimiento.
Liberar espacio en las instalaciones forenses es una necesidad sanitaria y operativa, pero hacerlo no debe significar perder la posibilidad de identificar a las personas.
La diferencia está en preservar correctamente la evidencia.
Cuerpos no identificados en Ciudad Juárez esperan todavía a sus familias
Por ahora son números dentro de expedientes.
Ocho mujeres.
109 hombres.
41 muertes violentas.
117 sepulturas.
Pero detrás de esas cifras pueden existir familias que continúan buscando a una persona sin saber dónde terminó su recorrido.
Las autoridades deberán mantener disponible toda la información obtenida antes de la inhumación y continuar realizando cotejos cuando surjan nuevas pistas.
Los cuerpos no identificados en Ciudad Juárez fueron llevados al Panteón San Rafael para evitar una mayor saturación del Servicio Médico Forense, pero las fosas individuales permiten que ese traslado no sea necesariamente definitivo.
Si mañana una huella, un registro dental, una fotografía o una coincidencia de ADN permite recuperar una identidad, el cuerpo podrá volver a ser localizado.
Porque para el trabajo forense, la sepultura puede ser temporal.
Para una familia que lleva años buscando, encontrar finalmente un nombre puede significar el final de una incertidumbre mucho más larga.
Escrito por Juan Antonio Roman Morales



