Por Fermín Gerardo Alvarado Arroyo
El Tianguis Turístico de México regresó a Acapulco. Y vale decirlo con claridad: ese regreso no fue casualidad.
Hace años, cuando se quiso arrebatarle al puerto uno de los eventos más importantes para su identidad turística, dimos la lucha. No nos quedamos callados. Alzamos la voz en el momento en que había que hacerlo, porque entendimos que defender el Tianguis era defender una causa de ciudad, una causa de identidad y una causa de futuro para Acapulco.
Subí a la máxima tribuna del país. Presenté acuerdos y exhortos parlamentarios. Impulsamos acciones desde la Cámara de Diputados y citamos a comparecer a la entonces secretaria de Turismo, Gloria Guevara Manzo. Lo hicimos con convicción, con firmeza y con la certeza de que Acapulco no podía perder algo que nació aquí, que aquí se consolidó y que forma parte de su historia.
Por eso, hoy, en la edición dorada del Tianguis Turístico, es justo recordar que este regreso también es fruto de esa defensa. No fue producto de la casualidad ni de la inercia. Fue resultado de una lucha política legítima, de una postura firme y de una visión clara sobre lo que significaba para Acapulco conservar ese espacio.
Comparto este recuerdo no para mirar al pasado con nostalgia, sino para rescatar una enseñanza de fondo: cuando se defiende a Acapulco con determinación, con amor por esta tierra y con sentido de responsabilidad pública, sí se pueden lograr cosas importantes.
Sin embargo, también es momento de decir algo con toda claridad: no basta con celebrar que el Tianguis esté en casa.
Hoy el reto es mayor. Hoy lo verdaderamente importante es que Acapulco funcione bien. Y más aún: que funcione mejor para las y los acapulqueños.
De poco sirve que el puerto brille unos días hacia afuera si por dentro siguen pendientes los problemas que lastiman la vida diaria de la gente. De poco sirve que hablemos del futuro turístico si no hablamos también del futuro social. De poco sirve la promoción si no se traduce en bienestar compartido.
El brillo del puerto debe reflejarse en sus colonias. El turismo debe traducirse en oportunidades reales. La grandeza de Acapulco debe sentirse no solo en sus hoteles, en sus eventos y en su zona turística, sino en la mesa de las familias, en los servicios públicos, en la seguridad, en el agua, en la infraestructura, en el orden y en la esperanza de la gente.
Acapulco merece un desarrollo completo, no parcial. Merece que su fortaleza turística camine de la mano con justicia social. Merece que el crecimiento no se quede en unos cuantos espacios, sino que llegue a donde vive la mayoría de su población. Merece que la recuperación también se vea en la calidad de vida de su gente.
Porque si algo nos enseña la historia de este puerto, es que Acapulco no se sostiene solo con imagen. Se sostiene con su pueblo. Se sostiene con las mujeres y hombres trabajadores que todos los días levantan esta ciudad. Se sostiene con quienes viven en las colonias, en los barrios, en las unidades habitacionales y en las comunidades rurales. Se sostiene con su gente.
Por eso hoy, más allá del evento, la pregunta importante sigue siendo la misma:
¿Qué debería dejarle este Tianguis a Acapulco más allá de la celebración?
Yo tengo una convicción profunda: debe dejar visión, rumbo y compromiso. Debe dejar una ruta clara para que Acapulco no solo vuelva a ser admirado, sino también vuelva a funcionar como la gran ciudad que puede y merece ser.
Porque Acapulco puede más.
Y porque las y los acapulqueños merecen más.
Te invito a ver y compartir el video de aquella intervención en tribuna. No solo como memoria de una defensa, sino como testimonio de que cuando se lucha de verdad por Acapulco, los resultados pueden alcanzarse.
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Fermín Gerardo Alvarado Arroyo
Ex Diputado Federal por Acapulco y Presidente de la Asociación “Amigos de Fermín, por un Mejor Acapulco”












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