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Detección de terremotos en Latinoamérica: así funcionan alertas

Sismógrafos, acelerógrafos, estaciones GNSS, alertas por radio e incluso millones de teléfonos móviles forman parte de una carrera tecnológica cuyo objetivo no es predecir los terremotos, sino detectarlos rápidamente y ganar segundos antes de las sacudidas más fuertes.

El terremoto de magnitud 7.4 que golpeó el occidente de Colombia el lunes 10 de agosto volvió a poner bajo atención la detección de terremotos en Latinoamérica y la capacidad de los países de la región para reaccionar ante grandes movimientos sísmicos.

Aunque la tecnología ha avanzado considerablemente, existe una distinción fundamental: actualmente no es posible determinar con anticipación el día, la hora y el lugar exacto donde ocurrirá un terremoto.

El Servicio Sismológico Nacional de México señala que no existe una técnica capaz de predecir sismos. Lo que sí permiten los sistemas modernos es detectar un terremoto cuando ya comenzó, calcular algunas de sus características y, bajo ciertas condiciones, enviar una advertencia antes de que las ondas más fuertes alcancen otras ciudades.

Cómo funciona la detección de terremotos en Latinoamérica

La tecnología utilizada cambia según la infraestructura y las características geológicas de cada país.

Sin embargo, existen tres instrumentos especialmente importantes.

Los sismógrafos registran movimientos del suelo y permiten identificar las ondas generadas durante un terremoto.

Los acelerógrafos, en cambio, están diseñados para medir aceleraciones fuertes del terreno. Estos registros son relevantes para conocer cómo responde una zona durante movimientos intensos.

Finalmente están las estaciones GNSS, una tecnología de posicionamiento satelital capaz de detectar desplazamientos de la superficie terrestre.

Chile, por ejemplo, utiliza estaciones multiparamétricas que combinan mediciones de velocidad mediante sismógrafos, aceleración mediante acelerógrafos y posición mediante GNSS.

La diferencia entre estos instrumentos ayuda a obtener una imagen más completa del fenómeno.

Colombia apuesta por una red de monitoreo permanente

Colombia posee una amplia infraestructura destinada a vigilar constantemente la actividad sísmica.

El Servicio Geológico Colombiano mantiene la Red Sismológica Nacional de Colombia, que trabaja las 24 horas del día y los siete días de la semana.

Su plataforma actual diferencia estaciones sismológicas, acelerográficas e híbridas, además de identificar cuáles se encuentran activas y transmitiendo información en tiempo real.

Cuando ocurre un movimiento, las estaciones registran las ondas y envían los datos para determinar características como localización, profundidad y magnitud.

La información permite mantener informadas tanto a las autoridades encargadas de gestionar el riesgo como a la población.

Sin embargo, detectar rápidamente un terremoto no significa haberlo pronosticado.

Ese punto resulta especialmente importante después del terremoto del 10 de agosto. Las redes pueden identificar y caracterizar lo que está ocurriendo, pero no pueden asegurar horas antes que un movimiento de determinada magnitud sucederá en un lugar específico.

México puede ganar segundos con SASMEX

México presenta una diferencia importante frente al monitoreo convencional.

El país cuenta con el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), operado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES). Actualmente dispone de 96 sensores que cubren regiones sísmicamente activas del Pacífico mexicano y el sur del Eje Neovolcánico.

Su objetivo es detectar rápidamente determinados sismos y advertir a ciudades que todavía no han recibido las ondas sísmicas más intensas.

El principio es relativamente sencillo.

Las comunicaciones por radio pueden recorrer la distancia mucho más rápido que las ondas sísmicas.

Por ello, cuando los sensores ubicados cerca de la zona donde comenzó el terremoto detectan suficiente energía, el sistema analiza esa información y determina si debe enviar una alerta.

El Servicio Sismológico Nacional explica cómo funciona la alerta sísmica mexicana y aclara que el SSN no opera SASMEX, sino que se encarga de determinar y publicar las características de los sismos ocurridos en México.

Una alerta sísmica no siempre ofrece el mismo tiempo

La ventaja depende principalmente de la distancia entre el epicentro y la ciudad que recibirá la advertencia.

Si un terremoto ocurre lejos, las comunicaciones pueden adelantar considerablemente a las ondas sísmicas.

Si sucede prácticamente debajo o muy cerca de una ciudad, el margen puede ser mínimo o incluso inexistente.

El propio SSN explica que un terremoto originado en la costa de Guerrero puede ofrecer alrededor de 60 segundos de anticipación al Valle de México en determinadas circunstancias.

Los tiempos reales, sin embargo, cambian en cada evento.

Un ejemplo ocurrió el 8 de febrero de 2026. SASMEX reportó diferentes tiempos de oportunidad según la ciudad: 19 segundos en Oaxaca, 64 en Acapulco y 93 en Ciudad de México, mientras otras localidades tuvieron márgenes todavía mayores.

Por eso, hablar de “un minuto de alerta” como una regla general resulta impreciso.

Chile busca detectar rápido el riesgo de tsunami

Chile enfrenta un desafío diferente debido a que numerosos grandes terremotos ocurren frente a sus costas.

El Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile recibe en tiempo real los datos enviados desde su red de estaciones.

Una de sus tareas fundamentales es determinar la localización, hora y magnitud de un sismo y transmitir esa información al Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada y al sistema de gestión de emergencias.

El CSN señala que esos parámetros son entregados en un plazo no superior a cinco minutos después del terremoto para permitir, entre otras tareas, evaluar su potencial para producir un tsunami.

Las estaciones GNSS también cumplen una función relevante.

Esta tecnología permite medir desplazamientos de la corteza y complementar la información de los instrumentos sísmicos convencionales, especialmente durante terremotos grandes.

Chile experimenta con fibra óptica bajo el mar

Uno de los proyectos más innovadores de la región busca transformar cables de telecomunicaciones instalados en el fondo marino en sensores sísmicos.

El Centro Sismológico Nacional chileno participa en el proyecto ABYSS, que utiliza tecnología de Detección Acústica Distribuida para convertir segmentos de fibra óptica submarina en miles de sensores virtuales.

La ventaja está en su ubicación.

Los cables pueden encontrarse más cerca de las zonas submarinas donde comienzan algunos de los terremotos capaces de producir tsunamis.

El proyecto ya ha permitido detectar movimientos sísmicos utilizando el cable submarino Prat frente a las costas chilenas. Sus investigadores estudian si esta tecnología puede complementar en el futuro los sistemas de alerta temprana.

Los teléfonos Android también pueden detectar terremotos

La detección de terremotos en Latinoamérica ya no depende exclusivamente de grandes estaciones científicas.

Los teléfonos móviles también pueden participar.

Google desarrolló Android Earthquake Alerts System utilizando los pequeños acelerómetros incorporados en los teléfonos Android.

Cuando numerosos dispositivos ubicados en una misma zona registran vibraciones compatibles con un terremoto, los teléfonos envían información al sistema. Los servidores combinan las señales para establecer si efectivamente existe un movimiento sísmico y estimar su ubicación y magnitud.

La lógica vuelve a ser la misma: las comunicaciones electrónicas son mucho más rápidas que las ondas que viajan a través del terreno.

Eso puede permitir que usuarios situados a cierta distancia reciban una advertencia antes de sentir las sacudidas más intensas.

Google informó recientemente que esta tecnología permitió alertar a millones de usuarios fuera del epicentro durante los terremotos registrados en Venezuela en 2026.

AcaFace también ha documentado las consecuencias de los terremotos registrados recientemente en Venezuela, otro episodio que muestra la exposición sísmica de distintos países de la región.

Detectar no significa predecir un terremoto

Este es probablemente el concepto más importante para entender estos sistemas.

Una alerta temprana se produce después de que el terremoto comenzó.

Los sensores detectan las primeras señales, los sistemas procesan la información y las telecomunicaciones intentan adelantar a las ondas más dañinas.

Por lo tanto, ningún aviso significa que los científicos hayan predicho el terremoto.

El margen disponible puede variar desde decenas de segundos hasta prácticamente nada dependiendo de la ubicación de la persona respecto al origen del movimiento.

El gran reto de la detección de terremotos en Latinoamérica

Colombia, México y Chile muestran tres formas distintas de enfrentar una amenaza similar.

Colombia mantiene una extensa red para monitorear y caracterizar rápidamente los movimientos sísmicos. México combina monitoreo con SASMEX para advertir a algunas ciudades cuando la distancia permite ganar tiempo. Chile integra sismología, acelerómetros y GNSS mientras desarrolla tecnologías dirigidas especialmente a grandes terremotos submarinos.

Los teléfonos móviles agregan otra capa de observación que puede complementar las redes tradicionales en determinadas regiones.

El reciente terremoto de Colombia vuelve a colocar la discusión sobre inversión, cobertura y rapidez de estos sistemas en la agenda regional. Esa posible consecuencia es todavía una interrogante y dependerá de las decisiones que adopten las autoridades después de la emergencia.

Por ahora, la detección de terremotos en Latinoamérica continúa avanzando hacia redes más densas, comunicaciones más rápidas y nuevas formas de observar el movimiento de la Tierra.

No permiten saber cuándo ocurrirá el próximo gran sismo.

Pero cuando comienza uno, cada segundo ganado puede convertirse en tiempo para protegerse.

Escrito por Juan Antonio Román Morales

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