Gatos y felicidad muestran una curiosa relación
Los países con una mayor presencia de gatos tienden a registrar niveles más altos de bienestar, según un nuevo estudio que analizó la relación entre gatos y felicidad en 93 naciones.
La investigación también encontró un resultado aparentemente contradictorio: una mayor exposición reciente al parásito Toxoplasma gondii, cuyo huésped definitivo son los felinos, estuvo relacionada con niveles más bajos de felicidad.
Sin embargo, los investigadores advierten que los resultados muestran asociaciones estadísticas y no demuestran que los gatos sean directamente responsables de una mayor felicidad.
Gatos y felicidad muestran una asociación positiva
El trabajo analizó datos públicos sobre densidad de gatos, felicidad nacional, producto interno bruto, nivel de ingresos, gasto sanitario y exposición a Toxoplasma gondii.
Los investigadores encontraron una correlación positiva entre el número de gatos por cada 10.000 habitantes y las puntuaciones nacionales de felicidad.
Los países con mayor densidad de gatos también tendían a presentar mejores condiciones económicas.
El producto interno bruto, los niveles de ingreso y el gasto en salud también estuvieron relacionados con mayores niveles de bienestar.
Esto dificulta determinar cuánto de la asociación corresponde realmente a la presencia de gatos.
Estudio analizó datos de 93 países
El trabajo fue dirigido por Javier I. Borráz-León, investigador vinculado al Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz de México.
El equipo reunió información disponible públicamente correspondiente a 93 países.
Para medir la felicidad utilizaron indicadores nacionales basados en encuestas sobre satisfacción con la vida.
Después compararon estos datos con estimaciones sobre población felina y diferentes indicadores económicos y sanitarios.
El objetivo era estudiar si factores biológicos, ecológicos y socioeconómicos podían relacionarse simultáneamente con el bienestar de una población.
Toxoplasma aparece como el giro del estudio
Los investigadores también analizaron la prevalencia de Toxoplasma gondii.
Este parásito puede infectar a numerosos animales y seres humanos, aunque los gatos son los huéspedes definitivos en los que completa parte de su ciclo reproductivo.
Para estimar la exposición utilizaron datos de anticuerpos detectados principalmente en mujeres embarazadas.
El estudio diferenció entre anticuerpos IgG, relacionados normalmente con infecciones previas, e IgM, asociados con exposiciones más recientes.
Mayor exposición reciente se relacionó con menor felicidad
Los países con una mayor prevalencia de anticuerpos IgM contra Toxoplasma gondii tendieron a registrar niveles inferiores de felicidad.
La relación también apareció con los anticuerpos IgG, aunque fue menos fuerte.
Cuando los investigadores ajustaron su modelo estadístico, la densidad de gatos continuó mostrando una asociación positiva con la felicidad.
La prevalencia de IgM mantuvo, en cambio, una asociación negativa.
Los autores plantean que factores biológicos podrían complementar las explicaciones económicas y sociales tradicionales sobre el bienestar.
Más gatos no significaron más toxoplasmosis
Uno de los resultados más llamativos fue que los países con una mayor densidad de gatos no presentaron necesariamente una mayor exposición al parásito.
Incluso apareció una tendencia en sentido contrario.
Los investigadores consideran que las condiciones en las que viven los animales podrían explicar parte de esta aparente paradoja.
En países con mayores ingresos es más frecuente que los gatos permanezcan dentro de las viviendas, reciban atención veterinaria y consuman alimentos preparados.
Estas condiciones podrían reducir su contacto con animales infectados y con ambientes donde circula el parásito.
Economía podría explicar parte del resultado
La densidad de gatos mostró una fuerte relación con el nivel de ingresos y el producto interno bruto.
Los países económicamente más desarrollados también suelen disponer de mejores sistemas sanitarios, saneamiento y control veterinario.
Al mismo tiempo, estas naciones suelen registrar puntuaciones superiores en los índices internacionales de felicidad.
Por ello, los propios autores reconocen que resulta difícil separar completamente la influencia de los gatos de las condiciones socioeconómicas.
Estudio no demuestra que adoptar un gato haga más feliz
La investigación fue realizada a escala nacional y no siguió individualmente a propietarios de mascotas.
Por esta razón, no permite afirmar que una persona será más feliz después de adoptar un gato.
Tampoco demuestra que aumentar la población felina de un país vaya a incrementar su bienestar.
Los resultados únicamente indican que las variables aparecen asociadas cuando se comparan los datos entre países.
Tampoco prueba que Toxoplasma reduzca la felicidad
La misma precaución se aplica al parásito.
El estudio encontró una relación entre una mayor exposición y menores niveles de bienestar, pero no permite demostrar una relación de causa y efecto.
Además, los datos sobre Toxoplasma gondii procedían principalmente de estudios realizados en mujeres embarazadas.
Aunque este tipo de información se utiliza habitualmente como aproximación epidemiológica, puede no representar completamente a toda la población.
Los autores consideran necesario realizar investigaciones adicionales para entender los mecanismos detrás de estas asociaciones.
Un nuevo enfoque para estudiar el bienestar
Tradicionalmente, la felicidad de los países se analiza principalmente mediante variables como ingresos, salud, apoyo social y calidad de vida.
El nuevo estudio plantea incorporar también elementos biológicos y ecológicos.
La presencia de animales de compañía, las enfermedades infecciosas y la forma en que las sociedades interactúan con otras especies podrían aportar información adicional.
Los investigadores piden estudios longitudinales que permitan seguir a las poblaciones durante años y comprobar cómo cambian estas variables.
Por ahora, la relación entre gatos y felicidad resulta llamativa, pero no convierte a los felinos en una receta científica para ser feliz.
Escrita por Juan Antonio Roman Morales



